que una brisa templada me acaricie suave la cara en una noche de verano tras un día de intenso calor.
que inspirándola fuerte pueda formar parte de ella, casi bebérmela con los ojos cerrados mientras esbozo una sonrisa e imagino que, aunque a cientos de kilómetros, es el mar lo que tengo justo enfrente y que me habla, me reconforta y me dice que no me preocupe, que todo cambiará pronto, que ya he tenido suficiente y que es de justicia que por fin encuentre fruto.
Quiero entretanto mantener la fuerza para, tras secarme el rostro, coger el timón de modo aún más firme y seguir luchando.
Quiero ser… no el mejor, pero sí mejor. Cada día un poco más.
Descubrir cuál es el modo. Eso que para otros parece tan fácil y que a mí se me resiste una y otra vez. Saber en qué momento cambiar de marcha, incluso de dirección, para que no quede todo en un buen comienzo que no lleva a ninguna parte. Son ya demasiadas veces.
Quiero que los golpes no amarguen mi alma ni mi espíritu. Que mi inocencia permanezca intacta, pura… pero que se vuelva sabia.
Quiero un respiro
No quiero más simpatías de las que se tiene por el que, bravo luchador, estuvo a punto de lograrlo. Esas simpatías son compasión. Quiero por una vez felicitaciones por lo conseguido. Admiración incluso, por qué no.

Suelo desconfiar de la suerte y del destino.
He comprobado demasiadas veces que las cosas buenas de la vida son a menudo inciertas o fugaces, mientras que aquellas que nos llenan de angustias y desazón son certezas perennes, grabadas en piedra.
Tras no haber conocido atajo alguno, tras mucho más sufrimiento del necesario, no he logrado sino pequeñísimas victorias. Escaso botín para tan ardua campaña. Jornal de subsistencia a duras penas.
Y no digo que no disfrute de pequeños momentos inolvidables y por los que estoy agradecido.
Estoy agradecido de poder estar con gente con la que no necesito decir nada, con la que un leve gesto es suficiente. De las veces en que con ellos puedo reirme sin complejos o cantar hasta quedarme sin voz.
Estoy agradecido de muchas cosas más. Sería injusto y mezquino no reconocerlo.
Y a lo mejor en eso debería encontrar la felicidad pero… joder
quiero más !!
lo que quiero es levantarme de la cama con un salto, con ganas
respirar un aire diferente, nuevo… que mi curiosidad siga viva
pegar la nariz a la ventanita del avión cuando despega… y pensar que con el viaje no me alejo sino que me acerco
que seas mi maleta
y que en esa maleta haya sentido del humor, ingenio, rapidez, inteligencia
quiero saber de una vez que lo que estoy viviendo es el principio de algo, nunca el final
quiero sentir alguna vez esa paz interior que hace que no te importe irte pronto a dormir
Quiero no echarte de menos ni pensar en tí porque estás aquí.
Nota
Como dice un buen amigo, es inútil querer plasmar por escrito sentimientos y estados de ánimo.
Tiene razón. He comprobado que las sensaciones que no viven tanto en tu cerebro como en tus pulmones, en tu estómago y en tu garganta, que destilas cada vez que respiras, que hablas o que sueñas, son sin embargo imposibles de traducir fielmente con palabras porque el lenguaje aquí se muestra demasiado pobre como herramienta.
Sin embargo nuestro ansia de echarlos fuera, de no sólo ser oídos sino comprendidos y de que, como grito de socorro que son, sirvan para que pase algo; nos hacen intentarlo una y otra vez.
Por eso mi intento de hoy. Una necesidad.
Supongo que se quedará en esto, que nada va a cambiar. Porque todos nacemos con un ADN propio del que no somos responsables y que o nos ata totalmente o cuando menos nos lastra con unos principios vitales imposibles de burlar, de los que no podemos deshacernos.
Y estos principios de momento me llevan bajo un sol implacable… mientras me empeño en buscar la sombra por la que he visto que caminan otros.



